Acaba de públicarse un estudio realizado por la ACFE (Asociación de investigadores de fraude) sobre la situación del fraude ocupacional en estos momentos de crisis. El estudio, basado en 800 encuestas respondidas por investigadores públicos y privados de los Estados Unidos, trae importantes reflexiones que consideramos deben ser tenidas en cuenta por las personas encargadas de combatir este fenómeno en las empresas particulares y entidades del Estado.
Según el estudio, se ha notado un incremento tanto en el número de casos como en su impacto económico, desde agosto del año pasado hasta la fecha. Entre las razones para ello, resulta obvio que se ha acrecentado la presión de las personas para defraudar a sus empresas, como resultado de la disminución de sus ingresos variables y ante la incertidumbre de permanencia en el tiempo de las compañías para las cuales trabajan. Se está produciendo una sensación de "sálvese quien pueda", lo cual ha conducido a que muchas personas se atrevan a considerar seriamente la realización de actos que, hasta hace poco, les parecían impensables.
Por otra parte, los directivos de las empresas, en su angustia por preservar ya no la rentabilidad sino la propia existencia de sus empresas, han tomado decisiones que en otras épocas habrían parecido suicidas: reducción de la inversión en control interno, aceptación de clientes o proveedores de dudosa o desconocida reputación, vinculación de personal de ventas sin la debida referenciación, entre otros. Todo ello, sumado a la situación de los empleados, conforma el escenario propicio para la materialización de fraudes de todos los estilos y formas, cometidos por personas hasta hace poco ejemplares como empleados y como ciudadanos. Es así como el estudio reporta un incremento del 48 por ciento en los casos de fraude perpetrados por empleados. La apropiación de dinero por parte de vendedores viajeros es el fraude más común, seguido del hurto de inventarios. Los resultados anticipan un incremento del 70 por ciento en la tasa de fraudes cometidos por empleados, atribuible al nivel de presión que deberán soportar los individuos para tratar de mantener su nivel de vida actual.
Peor aun, las empresas están cayendo en manos de proveedores o clientes inescrupulosos, quienes aprovechando la baja en las defensas contra el fraude, logran infiltrarse en organizaciones serias, llegando incluso a involucrarlas en delitos como el lavado de activos y el contrabando. El 36 por ciento de incremento en este tipo de fraudes, indica que los controles para aceptar nuevos proveedores o clientes se han debilitado, en beneficio de los delincuentes externos. Con el fin de proteger los activos más vulnerables en estos tiempos de crisis, las empresas deben hacer del análisis y gestión del riesgo de fraude una actividad prioritaria para mejorar sus posibilidades de supervivencia, máxime si se tiene en cuenta que más del 88 por ciento de los encuestados prevé un incremento en los niveles de fraude durante los próximos 12 meses.
*Analista económico
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